El Crash Course Capítulo 20: ¿Qué debo hacer?

Bueno, si ya han visto todo el Crash Course serán conscientes de que la Economía, la Energía y el Medio ambiente están interrelacionados. De manera más específica, ya estarán al corriente del desajuste que existe entre un modelo económico que está obligado a crecer y el mundo físico del pico del petróleo y de la disminución de los recursos. Lo más probable es que no podamos resolver por separado ninguno de los problemas de estos tres componentes de la sigla EEMA, ya que, de hacerlo, simplemente crearíamos nuevos problemas en los otros dos. En realidad, no hay solución posible dentro del statu quo,

lo cual significa que es bastante posible que nuestro futuro colectivo no sea una extrapolación lineal del presente. Nuestro reto como individuos consiste en aceptar la posibilidad de que el futuro será muy distinto del presente.

Creo que el futuro no se decide tirando los dados y que podemos minimizar los desajustes de nuestras vidas en el futuro si actuamos hoy mismo.

En cierto sentido me alegro de haber tardado en escribir este último capítulo, porque eso nos ha permitido asistir al pánico financiero que tuvo lugar en los últimos meses de 2008 y ahora nos permite vislumbrar adónde nos llevará todo esto.

Los rescates multimillonarios con los que diversos gobiernos han intentado salvar a los bancos en todo el mundo pretenden al 100% preservar el statu quo.

Pero ninguno de esos problemas se va a resolver salvando el sistema bancario; de hecho, algunos empeorarán. El hecho de que nuestros dirigentes hayan escogido aumentar nuestra deuda en unos cuantos billones de dólares, en un intento desesperado de conservar el sistema que teníamos, indica que, en la balanza, el peso de los problemas se ha inclinado algo más del lado de la ciudadanía y las pequeñas comunidades.

Parte de las complicaciones con las que me he topado a la hora de escribir este capítulo sobre “¿Qué debemos hacer?” es que no sé que es lo que ustedes piensan. Todo el mundo ocupa un lugar preciso en la amplia gama de certezas posibles, que va desde suponer que la situación actual será sólo una pequeña interrupción del crecimiento económico hasta quienes están convencidos de que vamos directo a un crack monumental. Todos tenemos nuestra propia idea preconcebida.

Y dependiendo de dónde nos situemos, tanto el número de cosas que podríamos hacer como la urgencia de acometerlas es mayor o menor.

Según esto que acabo de decir, ¿por dónde empezamos? ¿Por dónde empezaríamos, con tantas variables y cosas por hacer?

Está claro que necesitamos un plan de acción.

Este plan de acción consta de cuatro pasos. Lo primero que han de decidir es si van a reaccionar. Sin este compromiso no tiene ningún sentido continuar el curso. En segundo lugar, necesitan conocer su situación y, para esto, les propongo que lleven a cabo eso que en ciencias sociales denominan el Análisis FODA, es decir, la evaluación personal que les permitirá descubrir sus Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas. En tercer lugar, deberán escoger entre la infinita lista de cosas que podrían hacer y, en cuarto, deberán establecer prioridades dentro de esa lista, porque es imposible hacerlo todo. El conjunto de esas cosas constituirá su plan de acción.

Empecemos por el paso N.º 1 – El plan de acción.

Pero en primer lugar, añadiremos algunos detalles al conjunto de cosas que he mencionado. En este momento podríamos quizá evaluar los posibles trastornos que pueden preverse, empezando por ninguno en absoluto, es decir, la preservación del statu quo, lo cual significaría que los principales riesgos desaparecerían rápidamente. El siguiente paso sería una prolongada recesión con todo lo que eso conlleva. A continuación situaríamos un derrumbe del sistema económico y, por último, podríamos vislumbrar el colapso de los servicios que en la actualidad presta el Estado a todos los niveles.

Sé positivamente que nuestro futuro está en algún lugar de este abanico de posibilidades; el problema es que no sé exactamente dónde y no puedo descartar ninguna de ellas, así que necesito sopesarlas todas.

Imaginemos cómo podría discurrir una de ellas y veamos cómo podríamos reaccionar. Vayamos, por ejemplo, a la tercera posibilidad: el derrumbe del sistema económico.

Sin preocuparnos sobre si habrá o no crisis financiera, digamos simplemente si esa posibilidad nos parece verdadera o falsa. Es decir, puede ser que suceda o que no suceda. Espero que todos estemos de acuerdo en que la dualidad de posibilidades “verdadera/falsa” cubre la totalidad de los posibles escenarios.

Y, siguiendo con este mismo procedimiento, diremos que o bien estaban preparados de antemano para la crisis o no lo estaban. De nuevo, la respuesta que elijan para mitigar el impacto de una crisis financiera es verdadera o falsa.

Veamos ahora qué sucedería si fuese verdad que la crisis tiene lugar y que estaban preparados lo mejor posible para ella. Enhorabuena, hicieron todo lo que estaba en su mano.

Pero ¿qué sucedería si la crisis no tuviera lugar y no se hubiesen preparado para ella? Enhorabuena de nuevo, hicieron lo que estaba en su mano. Como verán, los resultados son equivalentes, por lo que podemos eliminarlos del marco de decisiones. En cada caso, el resultado fue el mejor posible, de manera que no vale la pena compararlos.

Pero ¿qué sucedería si la crisis no tuviera lugar y se hubiesen preparado? ¿Qué podría pasar? ¿Qué es lo peor que podría suceder en este caso? Bueno, probablemente perdieron algo de dinero (quizá la oportunidad de obtener ganancias de capital en el mercado de valores) y perdieron algo de tiempo, pero lo peor es que terminaron sintiendo cierta vergüenza, lo cual no es muy agradable.

Comparemos ahora las casillas en las que la crisis financiera tuvo lugar pero no se prepararon. ¿Qué podemos enumerar aquí? Es posible que sufriesen grandes pérdidas si trataron de hacer ajustes repentinos bajo presión, con poco tiempo y escasos recursos, en cuyo caso se recriminarán por el hecho de haber acertado en sus predicciones y de no haberse preparado en consecuencia. Es evidente que podrían recriminarse muchas cosas más, pero para lo que aquí nos interesa, basta con eso.

Ahora lo que tenemos que hacer es comparar estas dos casillas. Eso es. ¿Cuál es el peor de los escenarios? ¿Dónde les gustaría estar? Todos somos diferentes, claro está, pero yo soy de aquellos que no se perdonarían nunca el hecho de haber previsto lo peor sin prepararme en consecuencia. Podría perdonarme más fácilmente el errar en las predicciones y haberme preparado. Pero eso vale únicamente en mi caso. Cada uno debe decidir cuál de ambas casillas le corresponde mejor. Pero si escogieron las casillas de arriba, tendrían que preguntarse: “¿Qué es lo que me impidió reaccionar?”

Se trata de algo más que simplemente responder “verdadera o falsa”. Supongan que repasamos de nuevo lo que hemos elegido con respecto a la posibilidad de una crisis financiera, que va desde “preservación del statu quo” hasta “el sistema se va a derrumbar y dejará de funcionar durante un tiempo”. Vamos a suponer que cada uno hace una evaluación diferente y veamos cuáles son las posibles consecuencias.

Podríamos encontrar que una persona considera como extremadamente difícil que ocurra algo muy malo mientras que otra pretenda casi lo contrario. En cierto modo, ambas coinciden en que la posibilidad de que algo malo suceda es superior a cero. Cuando una posibilidad puede tener un impacto muy grande, un adulto prudente podría reaccionar a dicho riesgo, incluso si es poco probable.

Siempre que exista un riesgo potencial y que los costos potenciales de no reaccionar sean menores que los costos de reaccionar, no vale la pena hacerlo. Nos enfrentamos a un dilema: reaccionar o no reaccionar.

Bueno, consideramos que han decidido reaccionar, pero ¿dónde? En este Crash Course hemos estado hablando de cambios muy importantes. ¿Por dónde empezar en este enorme universo de posibles acciones?

Llegados a este punto les recomendaría que dedicasen una hora a evaluar su situación personal. En mi sitio web, www.ChrisMartenson.com, encontrarán la manera de hacerlo en la sección ACT (actuar).

Tiene 3 componentes. Su evaluación personal debería incluir sus necesidades actuales y futuras, sus ganancias actuales y futuras, lo cual incluye todos sus bienes, así como algunos detalles relativos a cómo acceder a ellos.

Otros detalles, que yo denomino fundacionales, son igual de importantes, si no más, que los puramente económicos. Por último, es preciso considerar todas sus necesidades físicas Lo bueno de llevar a cabo su propia evaluación personal es que se darán cuenta de que sus vidas dependen enormemente de muchas cosas que dan por supuestas.

Una vez completada su autoevaluación, tendrán una idea más clara de dónde están sus fortalezas y dónde sus debilidades. La autoevaluación personal es, por lo tanto, el punto de partida, representa su posición con respecto al mundo exterior.

Ahora, debemos ir al mundo exterior y enumerar por orden de posibilidades los riesgos que existen para compararlos con nuestra evaluación personal.

Las tres dimensiones que utilizaremos para evaluar los acontecimientos y riesgos son: el tiempo (es decir, la cercanía o la urgencia del riesgo o acontecimiento); el impacto (grande o pequeño) y la probabilidad del acontecimiento.

En el caso del tiempo, agruparemos los acontecimientos según su posible aparición. El primer horizonte temporal yo lo establezco entre 0 y 2 años y en él tendrá lugar el estallido de la burbuja inmobiliaria, el estallido de la burbuja crediticia y, posiblemente, un derrumbe bancario sistémico. Poco después, preveo el cruce de la oferta y la demanda de petróleo, problemas con la jubilación de los baby boomers y el posible inicio de una elevada inflación. Todavía más tarde, preveo grandes problemas como la insolvencia nacional, quizá el fin del dinero fiat y el inicio de un nuevo modelo económico.

Dado que no puedo responder a todos esos retos a la vez, me centraré en los que me parecen más cercanos. De nuevo, podrían incluir cosas muy diferentes en cada uno de esos horizontes futuros y serían las cosas que deberían utilizar en su análisis personal. Estas que vemos aquí son las mías. Para ilustrarlo mejor, veamos un ejemplo basado en la posibilidad de una bancarrota bancaria sistémica.

Luego, dividiré las cosas según su impacto y su posibilidad. Si entienden de seguros, ya habrán comprendido el proceso que viene a continuación. Piensen en el seguro contra incendios de una casa. No lo presento aquí porque sea un acontecimiento probable (no lo es), sino porque su impacto es catastrófico. Es decir, en este caso una persona prudente combinará impacto y probabilidad para llegar a la decisión de que el hecho de asegurar su casa contra el fuego tiene mucho sentido.

Así, esta manera de proceder vale para los demás aspectos de su vida. Supongamos que construimos un gráfico sencillo de 2 x 2 casillas y que en este eje dividimos la probabilidad de acontecimiento en “alta” y casilla “baja”, mientras que en el otro eje dividimos el impacto en “alto” y “bajo”.

No deberíamos malgastar nunca ni nuestro tiempo ni nuestro dinero en algo que tiene un bajo impacto y también una baja probabilidad. No vale la pena preocuparse por este tipo de cosas.

Si algo tiene un alto impacto y una gran probabilidad se trata de una urgencia. Estas cosas pasan siempre al primer lugar.

Las cosas que tienen un alto impacto pero poca probabilidad requieren una mayor consideración, pero generalmente nos ocupamos de ellas en esta otra casilla. Después, a veces nos ocupamos de cosas que tienen un bajo impacto pero alta probabilidad, sobre todo si tienen un buen y fácil remedio.

Y éste es el terreno en el que podrían suceder las cosas que me preocupan. La manera en que rellenen estas casillas dependerá de su edad, de sus medios económicos, de su situación familiar y de otros factores.

Dado que considero que existe un 50% de posibilidades de que haya un colapso económico sistémico durante los próximos dos años, considero que se trata de algo con un alto impacto y una alta probabilidad, lo cual quiere decir que su riesgo exige mucha atención por mi parte.

Continuemos con este ejemplo. Con esta parrilla en mente, debemos establecer los riesgos asociados con un colapso económico sistémico mediante el uso de una tabla como ésta.

En primer lugar, evaluaremos la probabilidad de que haya cierres bancarios masivos como “alta”, el impacto como “alto” y, por lo tanto, el rango de este acontecimiento como “alto”.

A la misma conclusión llegaremos con los bancos en los que guardamos nuestros ahorros. Pero podríamos también evaluar el riesgo de trastornos de la distribución de alimentos como “medio” y el de la destrucción del dólar como “media”, porque ambos tienen un alto y un bajo que, juntos, dan medio. Los recortes presupuestarios del gobierno podríamos clasificarlos como de riesgo “bajo”. Éstos son algunos ejemplos. A esta lista habría que añadirle otras cosas.

Aquí se trata de evaluar la probabilidad y el impacto de cada acontecimiento que, según nosotros, se aplica al escenario que estamos estudiando. Cuando hayan completado esto, tendremos una lista clasificada por orden de mayor a menor.

Les recomiendo que cuando hagan este ejercicio, procuren rodearse de amigos que compartan sus ideas, ya que ellos pensarán en cosas que a ustedes se les podrían olvidar, es más divertido y se termina más rápidamente.

Ahora tienen que crear una lista. Lo hacen filtrando aquellos acontecimientos que sean más inminentes, probables y con mayor impacto según su autoevaluación. Les garantizo que, cuando lo hagan, terminarán con una larga lista de cosas que podrían hacer.

Ahora ha llegado el momento de establecer prioridades.

En primer lugar la lista puede dividirse en cosas que quieren o pueden hacer y en otras que no quieren o no pueden hacer. Puede que una persona se sienta capaz de poner sus bienes a producir mientras que otra los tenga bloqueados en un fondo.

Las cosas que puedan o quieran hacer las dividiremos en tres niveles de acción, tales como el nivel 1, que se iniciará y completará antes de pasar al nivel 2, el cual se hará siempre antes que el nivel 3. Esto hace que sea mucho más fácil empezar, dado que las listas son más manejables.

De las cosas que no pueden o no quieren hacer, sus opciones incluyen las de encontrar a alguien que pueda hacerlas (aquí se integra la comunidad) o dejarlas como están y no preocuparse de ellas nunca más.

Pero volvamos a nuestro ejemplo: supongamos que después de haber filtrado sus acontecimientos clasificados a la luz de su autoevaluación concluyan que tienen una larga lista de acciones que les gustaría llevar a cabo. Lo más seguro es que haya demasiadas cosas para poder hacerlas a la vez y habrá llegado el momento de utilizar el sistema de los tres niveles para identificar las que sean más fáciles, con un menor costo y con mayor probabilidad de éxito.

¿Cuál es el nivel 1? Consiste en las cosas más fáciles, rápidas y de menor costo, que exigen menos ayuda exterior y no precisan ningún cambio en su modo de vida. En este ejemplo, podríamos definir que si sacásemos un poco de dinero en metálico del banco, éste nos protegería del riesgo de no poder comprar en el caso de que los bancos y los cajeros automáticos dejasen de funcionar. Esto es fácil de hacer. El mayor riesgo que se corre es poder pensar más tarde que fue una tontería si no sucede nada, de manera que entonces simplemente depositamos el dinero de nuevo el banco. Podríamos también diversificar los depósitos, en caso de que la parálisis bancaria no fuese universal, sino que afectase sólo a algunos bancos. Por último, podríamos decidir cubrirnos contra una gran pérdida del poder adquisitivo, como la que se sufrió en la Argentina con el cierre de bancos. El oro es uno de los métodos más seguros de conservar un valor similar al dinero, pero fuera del sistema bancario. Haremos todas estas cosas antes incluso de empezar a pensar en pasar al nivel 2.

Luego, pasaremos al nivel 2, que consiste en aquellas cosas capaces de solucionar las mayores deficiencias de su autoevaluación y requieren una gran inversión de tiempo, dinero y energía.

Por ejemplo, inicie un programa de ahorro para que pueda permitirse cosas necesarias o piense en la manera de crear una protección alimentaria para su comunidad o de implicarse mucho más con sus vecinos y la gente de su localidad.

Una vez realizadas estas cosas del nivel 2 habrá llegado el momento de pasar al nivel 3, que es el más difícil de todos. Se trata de las decisiones que implican los mayores cambios en su vida, tales como la mudanza a otro lugar lejos de su residencia o el aprendizaje de nuevas habilidades o incluso el cambio de trabajo. Lo más importante es que deberán resistir el impulso de perder tiempo o energía en estas acciones hasta que hayan hecho grandes progresos en las de los niveles 1 y 2.

Si todas estas cosas les parecen difíciles y esperaban que el Capítulo 20 consistiera en una lista más sencilla de “cosas que hacer”, lo único que puedo decirles es que no existen respuestas fáciles para la magnitud de los retos a los que nos estamos enfrentando. Este capítulo podría constituir por sí mismo un curso entero y en mi sitio web pienso incluir algunos videos que exploren dichas cuestiones en mayor detalle

Lo que he estado tratando de hacer hasta ahora es prepararlos mentalmente para la idea de que los próximos veinte años van a ser muy distintos de los últimos veinte.

De manera más específica, creo que todos necesitamos estar preparados para una catástrofe económica, y eso no porque estemos seguros al 100% de que sucederá, sino porque no estamos seguros al 100% de que no sucederá. Lo prudente de toda persona adulta es identificar los riesgos y hacerles frente.

Y creo que necesitamos estar preparados para la posibilidad –he dicho bien la posibilidad– de que nuestros sistemas de sostén más básicos cesen de existir. La sociedad actual suele considerar “impensables” las cosas que han ido surgiendo de este análisis, pero hace unos 100 años la absoluta dependencia que hoy tenemos de un sistema que nos permite un suministro puntual de cosas básicas habría sido considerada una locura.

En último lugar, creo que el futuro va a desplazarse desde la cultura del “Yo” a la cultura del “Nosotros”, de regreso a una era de antaño en la que los vecinos no eran necesariamente amables entre ellos, pero sí se ayudaban. En tanto que personas informadas, a partir de ahora tienen la responsabilidad de ayudar a los demás lo mejor que puedan. Es posible que los demás lo sepan y lo consientan, pero también lo es que tengan que actuar de manera más indirecta si advierten que no están preparados para enfrentarse a los cambios.

Y termino rogándoles que reaccionen. Ahora que ya han completado el Crash Course, espero que estén de acuerdo en que los retos a los que nos enfrentamos no reciben la atención adecuada ni en nuestra nación ni en el mundo. He creado el Crash Course para llegar a la gente, persona por persona, porque creo que algunos de los riesgos a los que nos enfrentamos avanzan con mayor rapidez que el proceso político. Creé el Crash Course para que puedan comprender lo que está sucediendo y para ayudarles a descubrir que el futuro podría ser muy diferente del pasado.

Necesito su ayuda para poder difundir este mensaje. Cientos de miles de personas ya han seguido el Crash Course en todo el mundo sin que yo lo haya publicitado. Esto se debe a que gente como ustedes se lo ha pasado a sus amigos, a sus parientes o a sus compañeros de trabajo. Pero yo quiero que lo vean millones de personas. Tenemos que crear un impulso que haga imparable la concientización popular en estos asuntos.

He dedicado cuatro años de mi vida y buena parte de mis ahorros para crear este curso y ponerlo gratuitamente a la disposición de todo el mundo. Cualquier ayuda de su parte sería bienvenida. Si creen haber obtenido algo de él, si les ha conmovido o si ha cambiado su manera de pensar, espero que consideren la posibilidad de “retribuir” lo recibido donando algún dinero. ¿Cuánto? Yo diría que una cantidad que no fuese ni excesiva ni minúscula.

Es necesario que el Crash Course se estudie en todos los ámbitos de poder, necesito entrenar a otros para que puedan enseñarlo, he de desplazarme a todos los lugares posibles, procurar su traducción a muchas lenguas y expandir su contenido, añadir nuevo material y lograr que este esfuerzo siga avanzando.

Necesito cualquier ayuda que puedan ofrecerme, incluso si se trata únicamente de enviar el enlace de Internet a otras personas para que puedan hacer el Crash Course. Yo haré mi parte, ustedes la suya. Lo prometo, porque al fin y al cabo somos nosotros quienes definiremos el futuro. Gracias por su atención.

Login or Register to post comments