El Crash Course Capítulo 17c: Energía y Economía

Tanto la población como el dinero y el petróleo exhiben un comportamiento exponencial. De estos tres factores, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la población y el sistema monetario dependen totalmente de la expansión continua de la energía petrolera.

Lo cual da lugar a las siguientes preguntas: ¿Qué pasaría si nuestros sistemas económico y monetario, basados en la función exponencial, más que una prueba sofisticada de la evolución humana en grado superlativo, fuesen únicamente un artificio debido al petróleo? ¿Que pasaría si nuestra fecunda complejidad social y todos nuestros billones de dólares de riqueza y deudas fuesen simplemente la expresión humana de la energía excedentaria que bombeamos del subsuelo? Se trata de preguntas de ningún modo banales.

Pero, de forma mucho más inmediata, todos nosotros estamos en nuestro derecho de inquietarnos por lo que sucederá cuando el petróleo empiece a disminuir. Y fíjense bien que no hablo de inquietarnos si empieza a declinar, sino cuando empiece a declinar, porque sucederá, de eso no cabe la menor duda. Durante ese período, ¿qué será de nuestro sistema monetario exponencial, basado en el endeudamiento? ¿Podrá incluso seguir funcionando en un mundo en el que el crecimiento constante haya dejado de existir? Son preguntas muy pertinentes, que merecen respuestas adecuadas.

Mi opinión es que la inestabilidad financiera que experimentamos hoy en día se debe, al menos en parte, a los primeros balbuceos de este proceso.

Y si emplazamos el consumo del petróleo en un contexto temporal de cuatro mil años, enseguida vemos surgir toda clase de dudas perturbadoras, más aún si le superponemos una curva de crecimiento poblacional. Juntos, estos gráficos nos dicen que necesitaríamos al menos una pequeña dosis de planificación sensata que reemplazase el habitual blablablá de los discursos electorales.

Los bancos centrales alcanzaron la madurez de forma coincidente con la aparición de una fuente de energía exponencialmente explotable y, tras un breve lapso, llegaron a ser todopoderosos y reverenciados. Hubo sistemas de dinero fiat que nacieron y que el viento se llevó, pero el actual avanza empujado por un viento de cola energético de 1 billón de barriles de petróleo que está a punto de convertirse en ciclón devastador.

El hecho de distribuir participaciones cada vez mayores de dinero durante un período de crecimiento constante es una tarea agradable, que goza de gran apoyo político y popular. Pero el hecho de desempeñarse en un mundo de energía evanescente es una perspectiva totalmente nueva para cualquier institución política o financiera, pues convierte la ciencia de satisfacer demandas ilimitadas con recursos limitados en algo todavía más difícil, si no imposible, ya que el sistema no está capacitado para esa eventualidad.

Así que nos corresponde a nosotros preguntarnos qué deberíamos esperar en el futuro de un sistema monetario cuya piedra angular es, para empezar, errónea. ¿Qué pasaría si el convencimiento de que el futuro no sólo será mejor, sino exponencialmente mejor que el presente, fuese incorrecto?

Este convencimiento, esa certeza, salta a la vista en el gráfico que compara la deuda de Usamérica con su PIB. La elipse roja deja bien clara la profunda creencia de que el futuro será muchísimo mejor que el presente. Piensen que la economía total de Usamérica asciende a unos meros 14 billones de dólares, mientras que el total de su deuda crediticia sobrepasa los 49 billones de dólares. Eliminen unos cuantos ceros y redondeen las cifras, y se darán cuenta de que es lo mismo que si un banco presta 500.000 dólares a alguien cuyo salario sólo asciende a 140.000 dólares.

Si supiésemos que el porcentaje actual de carga fiscal de ese deudor se va a duplicar, y luego a triplicar, ¿sería lógico concederle el préstamo? Para nuestra nación, el fin del petróleo barato significa una reducción mantenida y permanente del dinero que nos quedará en el bolsillo después de pagar los impuestos.

Lo cual da lugar a mi siguiente pregunta: ¿Quién, en su sano juicio, prestaría cada vez más dinero a alguien cuyos ingresos tienen garantizada la disminución?

He aquí la síntesis de todas estas cuestiones: Veamos en primer lugar las certezas. Sabemos que la energía es la fuente de todo crecimiento y complejidad. Sabemos que la energía excedentaria está disminuyendo. Sabemos que la era del petróleo barato se ha terminado. Y sabemos que, a causa de todo eso, los costos del petróleo exigirán una proporción cada vez mayor de nuestro presupuesto.

Y todas estas certezas hacen que corramos algunos riesgos: el riesgo de que nuestro sistema de dinero exponencial deje de funcionar en un mundo cuya energía excedentaria disminuye. Sencillamente, no está preparado para esa eventualidad.

Y existe el riesgo de que nuestra sociedad se vea obligada a reducir su complejidad. Si lo piensan bien, esta última frase está cargada de tragedia.

Y, por último, existe el riesgo de que, incluso si el petróleo disminuye, el impulso del sistema monetario siga creando las condiciones necesarias para la hiperinflación.

Cada una de dichas certezas incrementa los riesgos y este Crash Course trata de eso: de evaluar tales riesgos y de decidir lo que una persona adulta y prudente debería hacer, si fuese posible hacer algo, para adaptarse a la realidad y enfrentarse a los riesgos.

He considerado detenidamente todo lo anterior y, tras pensarlo bien, he aquí mis predicciones. Recuerden, ya lo dije al principio y lo vuelvo a repetir: me reservo el derecho a cambiar mis opiniones en el caso de que surjan nuevos datos que lo permitan.

1. Se mantendrá a toda costa el statu quo. Los políticos ocultarán la verdad; las estadísticas económicas harán que los números cuadren cada vez menos y los bancos centrales continuarán inyectando cada vez más dinero en un sistema que, en esencia, vive alejado de la realidad.

2. Habrá hiperinflación. El precio de cualquier cosa está en función de la masa monetaria y de la cantidad existente de dicho producto en el mercado. Y puesto que literalmente todos y cada uno de los sistemas monetarios fiat se derrumbaron por esas mismas razones, se puede razonablemente concluir que el futuro será testigo de una cantidad cada vez mayor de dólares sin respaldo. Al mismo tiempo, la disminución de la energía excedentaria hará que cada vez haya menos bienes en el mercado. Ambas cosas, juntas, significan inflación.

Los puntos 1 y 2 darán lugar, con toda lógica, al punto 3. El nivel de vida bajará. Sin embargo, mi caso es la prueba viviente de que, incluso si el nivel de vida de una persona baja, la calidad de su vida puede aumentar.

Sí, es perfectamente posible que esté refiriéndome a acontecimientos que duren largo tiempo, incluso décadas, y es casi seguro que tales acontecimientos se verán influidos por cambios en el comportamiento y la tecnología. Pero hay algo imposible de negar y es que estamos desperdiciando un tiempo precioso, más la energía que todavía tenemos a nuestra disposición, en un intento desesperado, insensato y, a fin de cuentas, sombrío con tal de preservar el statu quo. No deberíamos caer en esa trampa. No, no deberíamos caer en esa trampa.

Y, con estas palabras, hemos llegado casi al final. Lo siguiente que nos queda por hacer es vincular la Economía y la Energía al Medio ambiente en un capítulo que tratará de la extracción exponencial de recursos naturales y de la modificación/agotamiento de ecosistemas fundamentales.

Los invito a acompañarme en el Capítulo 18, titulado “El medio ambiente”.

Gracias por su atención.

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