El Crash Course Capítulo 15: Burbujas

Antes, las burbujas solían aparecer una vez en cada generación, ya que se necesitaba tiempo para olvidar el dolor que causaban sus daños. En estos momentos nos estamos enfrentando al estallido de una segunda gran burbuja financiera, la burbuja inmobiliaria, pero entre el estallido de la primera, que fue la burbuja de las punto.com, y esta de ahora sólo han pasado 10 años, lo cual es algo asombroso y, desde luego, no tiene precedentes.

Pero ¿cómo podemos saber que estamos en medio de una “burbuja financiera”? ¿A qué se parecen estas burbujas y cuándo debemos esperar su estallido?

La Reserva Federal suele decir en sus comunicados que no es posible predecirlas, así que las descubrimos cuando estallan. Pero sí que es posible y su definición es bastante simple: “Existe una burbuja cuando la inflación del precio de un bien de consumo crece por encima de lo que los salarios pueden soportar”. Una burbuja es la imagen metafórica de las personas cuando abandonan la razón y la prudencia en manos de la esperanza y la codicia.

De entre la lista burbujas, obsesiones y excesos que acabo de mostrar, veamos ahora una de las burbujas más interesantes, que tuvo lugar en Holanda en el siglo XVII. Por alguna razón, la gente de aquella época se encaprichó con los tulipanes y vio en ellos un camino infalible hacia la riqueza, tras lo cual se inició una obsesión financiera. Sí, estoy hablando de los tulipanes, esas flores que nacen de bulbos. La burbuja empezó cuando se desarrollaron hermosas y únicas variantes de tulipanes en diversos colores, después se incrementó el comercio de los bulbos y tuvo lugar una locura especulativa. En el momento álgido de la burbuja, un solo bulbo de la variedad más codiciada, la Semper Augustus que vemos aquí, valía exactamente el mismo precio que la mejor casa del mejor canal.

Pero llegó un momento en que se dieron cuenta de que es posible cultivar muchos tulipanes si uno se lo propone y que aquellos bulbos eran, al fin y al cabo, sólo bulbos.

Dicen los anales que la locura de los tulipanes terminó todavía más repentinamente de lo que había empezado, casi de un día para otro al principio de la nueva temporada de ventas, en febrero de 1637. Aquel día, empezó a soplar un viento silencioso que únicamente los perros y los compradores podían escuchar, y los precios mordieron el polvo.

Este ejemplo ilustra las características de las burbujas. La primera es que se autorrefuerzan en la subida, lo cual quiere decir que la subida de los precios se convierte en la justificación para que suban todavía más y, la segunda, que una vez disipada la ilusión, el globo se desinfla en un momento y para siempre.

Un segundo ejemplo de burbuja tuvo lugar en el siglo XVIII y ha pasado a los anales con el nombre de “La burbuja de la South Sea Company”. La South Sea Company, que en español podríamos traducir como la Compañía de los Mares del Sur, fue una empresa a la que se otorgó el monopolio del comercio con América del Sur mediante un tratado con España. De hecho, los beneficios de la compañía eran bastante ordinarios antes de que el monopolio gubernamental animase a la gente a especular a lo loco sobre la base de su futuro valor potencial, de manera que el precio de sus acciones subió como la espuma. Los especuladores ni siquiera se detuvieron a pensar en un hecho muy extraño, que la South Sea Company se anunciaba como “Una compañía para llevar a cabo una empresa muy ventajosa, pero nadie sabe cuál”.

A Sir Isaac Newton le preguntaron una vez sobre la subida continua del precio de las acciones de la South Sea Company, y respondió que “no podía calcular la locura de la gente”. Es posible que inventase el cálculo y describiese la ley de la gravedad, pero terminó perdiendo más de 20.000 libras esterlinas cuando estalló la burbuja, lo cual demuestra que la inteligencia no garantiza estar a salvo de los instintos animales despertados por una burbuja en expansión.

En 1720 surgió una obsesión que es un ejemplo de libro de burbuja financiera. En ella están reflejados dos rasgos esenciales y adicionales de las burbujas. Son aproximadamente simétricas en el tiempo y en el precio. Quiero decir que, sea cual sea el tiempo que tarde en crearse la burbuja, tardará aproximadamente el mismo tiempo en estallar, y los precios en volver a sus niveles anteriores, si no es que más bajos. Aquí podemos ver esos rasgos perfectamente plasmados. Observen esta forma. La volveremos a ver otra vez, y otra, y otra.

Y esto es un gráfico del índice Dow Jones que se inicia en 1921. La burbuja bursátil que precedió a la Gran Depresión siguió la misma trayectoria descendente y necesitó el mismo tiempo para inflarse como para desinflarse, tras lo cual los precios descendieron aproximadamente a los mismos niveles del comienzo.

Aquí, la línea azul representa el precio de las acciones de General Motors entre los años 1912 y 1922, mientras que la línea roja representa el precio de las acciones de Intel entre 1992 y 2002. En esos dos períodos las acciones de las dos compañías se vieron envueltas en una burbuja. Es de señalar que los datos sobre los precios de ambas acciones son muy similares, y ello a pesar de que una era una compañía fabricante de automóviles y la otra se dedicaba a la fabricación de microchips de alta tecnología y que, además, las dos burbujas estuvieron separadas por un lapso de 80 años.

El hecho de que las burbujas muestren los mismos comportamientos en los precios a lo largo de los siglos quiere decir que no son artefactos de sistemas financieros particulares, sino más bien algo creado por las emociones humanas, en especial la codicia, el miedo y la esperanza. Tales emociones no han cambiado con el tiempo y esa es la razón por la que uno debería agarrar con fuerza su billetera cada vez que escuche las palabras “Esta vez es diferente”.

En algún momento la gente empezó a creer lo que se decía de las casas. Todo el mundo parecía convencido de que una casa era el camino que lleva a la riqueza. Y que, además, era un camino mágico capaz de transportar a la gente a un mundo ideal, incluso si pasaba el día sentada en un sofá bebiendo cerveza.

Pero es imposible que eso sea verdad, deberíamos haberlo sabido. El problema es que las burbujas enloquecen a las masas. A pesar de lo que diga la gente, lo que establece el precio de la vivienda a largo plazo es el costo de construir una casa nueva, lo cual quiere decir que el precio lo establece la inflación.

Este sorprendente gráfico del precio de la vivienda ajustado a la inflación, diseñado por Robert Shiller, muestra que entre 1890 y 1998 el precio de la vivienda siguió estrechamente, y en paralelo, el recorrido de la tasa de inflación. Cada vez que la línea del gráfico sube, el precio de las casas sube con mayor rapidez que la tasa de inflación y cada vez que la línea baja, pierde terreno con respecto a la inflación.

A lo largo de todo este período de 118 años la media del índice del precio de la vivienda fue de 101,2, lo cual significa que el precio de la vivienda ajustado a la inflación fue aproximadamente similar durante todo ese período. Los precios del mercado inmobiliario fueron estables en comparación con la inflación, luego cayeron antes y durante la Gran Depresión, se estabilizaron de nuevo y, más tarde, subieron espectacularmente después de la Segunda Guerra Mundial.

¿Ven esa pequeña joroba que hay aquí? Se debió a una burbuja inmobiliaria que todavía recuerdo, porque tuvo mucho impacto en la zona del noreste del país donde vivía en aquel momento y no he olvidado que pasaba con mi bicicleta junto a muchas casas abandonadas a medio construir. He de señalar que esta burbuja inmobiliaria regresó a la línea de base de manera simétrica, al igual que había sucedido con la burbuja de 1989.

Pero si las dos burbujas que acabamos de ver fueron inmobiliarias, ¿qué es esta? Esta burbuja inmobiliaria no tiene precedente histórico ni puede compararse con nada que hayamos vivido antes, ni siquiera remotamente para servirnos de guía con respecto al impacto que pueda tener.

Y veamos también que esta burbuja no apareció de repente en 2004. Empezó en 1998 y, cuando llegó el año 2000, ya había eclipsado a las dos anteriores. Podrían preguntarse: “Si la Reserva Federal tenía acceso a estos datos y sabía que estábamos metidos en una burbuja inmobiliaria ya en el año 2000, ¿por qué entonces continuó bajando agresivamente las tasas de interés hasta el 1% y las mantuvo en ese porcentaje durante un año, entre 2003 y 2004?”

Se trata de una pregunta muy pertinente, a la que voy a responder enseguida.

Si nos basamos en este gráfico, ¿dónde y cuándo se puede predecir que la burbuja regresará a los niveles de precios del inicio? Bueno, las leyes de la simetría sugieren que ese momento se situará en torno al año 2015, mientras que la historia sugiere que los precios bajarán un 50% en términos reales.

Otra manera de mirar el problema es según la capacidad de comprar de la gente. Lo repito, a largo plazo es imposible que el precio medio de la vivienda suba más rápidamente que la media de los salarios. Pero, ¿por qué? Pues porque la cantidad de dinero que la gente puede destinar al pago limita el precio de las casas.

Este gráfico compara la media de los salarios con la media del precio de las casas. Las burbujas de 1979 y 1989 no parecen muy importantes en este gráfico, pero lo fueron. Están señaladas por flechas negras. El hecho de que la media de los salarios no se desviase mucho de los precios de la vivienda anteriores a las burbujas ayudó a limitar el impacto del estallido de ambas burbujas, por muy doloroso que fuese, ya que el recorrido de los salarios y los precios de la vivienda no fue muy largo antes de reencontrarse de nuevo.

Pero ¿y esta vez? Lo repito, carecemos de precedentes históricos para analizar la diferencia entre las subidas de los salarios y del precio de la vivienda y vemos que, ya desde 1999, existían signos preocupantes de que las cosas se estaban saliendo de control. Si nos basamos únicamente en el aumento de los salarios, ¿cuánto debería caer el precio de la vivienda para que ambas líneas se reencuentren otra vez? La respuesta es un 34% en el ámbito nacional, lo cual indica que todavía no han bajado lo suficiente: y como las burbujas son propensas a pasarse cuando van cuesta abajo, tampoco se puede descontar que la caída sea de entre el 40% y el 50%. También podemos estimar al azar que el precio de la vivienda podría tocar fondo entre 2000 y 2015. Recuerden que existe una burbuja cuando la inflación del precio de un bien de consumo crece por encima de lo que los salarios pueden soportar. Y eso es exactamente lo que vemos en este gráfico.

¿Y que hacían los de la Reserva Federal durante todo ese tiempo? Estaban escribiendo trabajos de “investigación” en los que se convencían a sí mismos de que no había burbuja inmobiliaria, como puede comprobarse en este estudio de 2004: “Are Home Prices the Next Bubble?”, [es decir, “¿Será el precio de la vivienda la próxima burbuja?”].

El resumen inicial del estudio empezaba bien: “Los precios de la vivienda han subido mucho desde mediados de los años noventa. Se teme que formen parte de una burbuja y sean vulnerables a un colapso, lo cual podría afectar a la economía usamericana”.

Pero luego la conclusión principal del texto daba un volantazo y se salía de la carretera. Veamos: “Sin embargo, un análisis cuidadoso del mercado usamericano de la vivienda en años recientes no encuentra motivos para esa inquietud. La subida de los precios se debe ampliamente a características intrínsecas del mercado: los precios de la vivienda suben cuando aumentan los salarios familiares y bajan cuando sube la tasa de interés hipotecario.”

¡Un momento! ¿Qué dicen? ¿Que “suben cuando aumentan los salarios familiares”? ¿Cómo? Uno de los hechos mejor conocidos de estos tiempos es que los salarios familiares no han subido NADA durante los últimos ocho años si se ajustan con la inflación, y ése es uno de los principales fracasos de esta década. Una afirmación así demuestra que la Reserva Federal está plagada de investigadores ineptos o parciales, y si yo tuviera que elegir una de esas dos categorías para que nos saque de este desastre, no sé cuál de ellas sería peor.

Pero a los investigadores de la Fed les pasó simplemente lo que a otros muchos millones de personas: que fueron víctimas de la absurda frase “Esta vez es diferente”. Así son las burbujas. La gente pierde el sentido común, se aferra a todo tipo de razones para justificar lo que hace y, de repente, un día desaparece la ilusión y lo que parecía más claro que el agua deja de tener sentido. Y el día que eso sucede, el destino de la burbuja se reduce a calcular la velocidad con la que estallará.

¿Qué importancia tiene eso para nosotros? Mucha, porque sufriremos sus secuelas durante mucho tiempo.

Aunque resulte tentador echarle la culpa de lo que está sucediendo a la burbuja inmobiliaria, vale la pena recordar que el tremendo aumento del precio de las casas fue en sí mismo un síntoma de una burbuja crediticia enloquecida.

A finales del año 2000, cuando la burbuja crediticia estaba estallando, el crédito total concedido se elevaba a 27 billones de dólares. A finales de 2007 era ya de 48 billones de dólares. Este aumento de 21 billones de dólares en préstamos es cinco veces mayor que el aumento en el PIB usamericano durante el mismo período. Cualquier intento que se haga para entender la burbuja crediticia debe tener en cuenta este aumento masivo de la deuda.

Pero, tal como señalamos en un capítulo anterior, esta burbuja crediticia se ha estado creando durante 25 años. Para poder desentrañar la maraña multigeneracional de esta parranda crediticia van a hacer falta muchos cambios de actitud y de costumbres.

Una de las razones de que cualquier burbuja, pero en especial una burbuja inmobiliaria como ésta, sea tan destructiva es que las inversiones que suelen hacerse son malas.

Se construyeron demasiadas casas, demasiados centros comerciales, demasiados departamentos, y casi todos ellos demasiado grandes y mal situados con vistas a un futuro en el que la energía será muy cara. Lamento decir que todos esos billones de dólares se fueron al cubo de la basura y lo peor es que el mal uso impidió que se los dedicara a otras cosas de verdad necesarias.

La Escuela Austríaca de Economía ha definido de forma escueta e históricamente certera la manera en que suele terminar una burbuja crediticia. Según Ludwig Von Mises,

“No hay manera de evitar el colapso final de un boom debido a la expansión del crédito

 Sólo hay dos alternativas: que la crisis llegue antes, tras el abandono voluntario de la continua expansión del crédito, o después, tras la catástrofe final y completa del sistema monetario implicado.”

Personalmente estoy de acuerdo con esa definición y por eso prefiero colocar mi dinero fuera de la senda que lleva a un potencial colapso del dólar. Como nación, hemos hecho desesperadamente todo lo posible para no abandonar la expansión del crédito, lo cual hace que el destino más probable de nuestra moneda sea su hundimiento definitivo.

En cuanto al momento, la verdad es que no se hubiera podido escoger peor. El hecho de tener que ocuparse de una burbuja inmobiliaria es lo último que necesitábamos en este momento de la historia, pero eso es lo que hay. Tanto la Reserva Federal como Washington han mostrado una incapacidad administrativa y un descontrol tales que se les debería caer la cara de vergüenza.

¿Qué podemos esperar de una burbuja crediticia que estalla? Dicho en pocas palabras, todo lo que se alimenta y crece a consecuencia de un crédito excesivo y fácil termina por colapsarse. Desconfío especialmente de las acciones bursátiles, de los bonos de alto rendimiento y, por supuesto, del mercado inmobiliario.

Creo que hay pocas maneras convencionales de proteger los bienes que poseemos y, por eso, los invito a que empiecen a preguntarse (y, si tienen un asesor o una consejera, a que empiecen a preguntarle también a esa persona) cuál es la mejor manera de proteger sus bienes. Si lo hacen se alegrarán.

Recuerden: esta vez probablemente NO es diferente.

Los espero en el Capítulo 16, en el que estudiaremos hasta qué punto nos hemos complacido en creer medias verdades y otro tipo de mentiras. Su título, “Las cuentas no cuadran”.

Gracias por su atención.

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