El Crash Course Capítulo 14: Activos y Demografía

Un activo es algo de valor que puede cambiarse por dinero, que da acceso al dinero o que ayuda a ganar dinero. También podríamos decir que los activos son depósitos, bienes inmobiliarios, acciones o bonos, así como las cosas que poseemos, lo cual incluye la mayor parte de eso que solemos considerar activos.

Aquí sólo vamos a estudiar los activos domésticos, puesto que, como ya vimos antes, los pasivos y los activos del gobierno federal y de los diferentes gobiernos estatales de la Unión son, en realidad, pasivos de sus ciudadanos. Pero no olviden que en el Capítulo 13 vimos que el valor neto total del gobierno de Usamérica arrastra un pasivo de entre 50 y 85 billones de dólares en números rojos. De hecho, ese desequilibrio entre activos y pasivos no es una pesada carga que el gobierno de Usamérica lleva sobre los hombros. No, de ninguna manera. Son ustedes y yo y todos los demás ciudadanos quienes la llevamos sobre nuestros propios hombros. Las deudas y los pasivos nacionales son, por lo tanto, nuestros. En el ámbito privado, los activos de las compañías pertenecen por completo a los accionistas y propietarios de bonos de las compañías, no a las compañías en sí mismas. ¿Y a quién pertenecen las compañías? En última instancia, a ciudadanos privados. Dado que la ciudadanía constituye el ámbito privado o doméstico (del latín domus, es decir, hogar), podemos examinar los activos domésticos, deducir algunos pasivos importantes y obtener así una perspectiva bastante clara de cuál es la situación.

Y lo haremos así porque la Reserva Federal busca el valor doméstico neto y estos datos suelen aparecer ampliamente en los medios. De hecho, según la Reserva Federal, el valor doméstico neto se ha incrementado en casi 20 billones de dólares en sólo cinco años –una proeza increíble–, una “riqueza” bastante superior a la que nuestro país logró amasar desde su nacimiento hasta finales de los años ochenta. Y es de señalar que se trata sólo de activos netos, de manera que la Reserva Federal y mucha gente de los medios pretenden que esa cifra, sólo ligeramente inferior a 60 billones de dólares de valor neto, demuestra que a los usamericanos les va muy bien y que los niveles de endeudamiento que padecemos no son motivo de preocupación, por muy rápido que crezca la deuda.

Pero antes de que echemos las campanas al vuelo a causa de esa sorprendente riqueza de las cifras, será preciso señalar que dicho informe contiene dos errores fundamentales y una falacia, de los cuales han de ser ustedes conscientes. Porque, como siempre, el diablo se encuentra en los detalles. Antes de que les explique, quiero que observen este período que va desde el año 2000 al 2003. Esa caída en el valor doméstico neto se debió al colapso del mercado bursátil que tuvo lugar entre 2000 y 2003, y que provocó tal pánico en la Reserva Federal que Alan Greenspan bajó a toda prisa la tasa de interés hasta un 1%, y dio así el pistoletazo de salida a la mayor burbuja crediticia e inmobiliaria de toda la historia. Esa caída en el valor doméstico neto conduce a la siguiente observación: Las deudas son fijas. Cuando alguien se mete en una deuda, su valor no fluctúa, sólo va creciendo plácidamente hasta que el deudor termina por pagarla. El valor de las deudas no varía con las condiciones económicas generales ni tampoco si el deudor tiene trabajo o lo ha perdido. Los activos, en cambio, son variables, fluctúan: a veces ganan valor y a veces lo pierden. Lo cual nos lleva al Concepto Clave N.º 8 del Crash Course: Las deudas son fijas, pero los activos son variables, fluctúan.

Bien. ¿De dónde procedían esos 19,8 billones de dólares de nuevo valor doméstico neto? En torno al 80% de ese crecimiento procedía del aumento de activos financiados, mientras que el 20% restante procedía del crecimiento inmobiliario y de otros activos tangibles.

Ahora sabemos que el 72% del valor doméstico neto total consiste en activos financiados, que totalizan unos 41 billones de dólares, mientras que los activos tangibles son el 28% restante y ascienden a unos 16 billones de dólares.

Y si ahora examinamos esos activos con mayor atención, veremos que los 41 billones de dólares de valor neto en activos financiados consisten en cosas como fondos de pensión, activos de negocios en manos privadas, depósitos, acciones y bonos, que se pueden recomponer aproximadamente en estas cuatro clases: Acciones, bonos, dinero en metálico o en depósito, y los activos de negocios en manos privadas.

Los otros 16 billones de dólares en activos tangibles consisten principalmente en bienes inmobiliarios, que constituyen el 75% de este grupo, y en bienes de consumo duraderos, que podrían ser su coche, su secadora o su horno de microondas, si es que tienen uno. Excepto en el caso del dinero en metálico, para poder obtener la riqueza inherente a cada uno de estos bienes es necesario venderlos primero.

He aquí una regla general de los mercados de bienes de consumo: Las cosas SUBEN de precio cuando hay más compradores que vendedores, y BAJAN de precio cuando hay más vendedores que compradores. No se olviden de esta regla, porque la necesitaremos dentro de un momento, cuando estudiemos la demografía.

Veamos ahora la enorme falacia que esconde el informe de la Reserva Federal sobre la riqueza doméstica. Para explicarla voy a centrarme en el mercado inmobiliario. Supongamos que poseen una casa que compraron por 250.000 dólares y que, en los últimos tiempos, digamos desde hace cinco años, ha aumentado de valor y ahora vale 500.000 dólares. La Reserva Federal considera que su riqueza neta aumentó 250.000 dólares. Bien. El problema es que no resulta fácil obtener en mano esa riqueza. Por supuesto, es posible pedir dinero prestado dejando la casa en garantía, pero eso no libera la riqueza, únicamente transforma parte de ella en deuda. Pero supongamos que venden la casa. ¿Qué pasaría si quisieran mudarse a una casa equivalente? Porque en algún sitio hay que vivir. Todas habrán subido de precio también, de manera que será necesario gastarse 500.000 dólares para comprar una casa equivalente, así que la supuesta riqueza sigue sin aparecer por ninguna parte. De hecho, la única manera de liberar dicha riqueza y obtenerla en metálico consistirá en comprar una casa menor (o vivir de alquiler). Pero eso conduce a la pregunta retórica del día: ¿Es posible que todo el mundo se pueda comprar una casa menor? Quizá ustedes puedan, pero no todos podrán. Al menos no sin crear en el camino una superabundancia de casas grandes y una desesperante escasez de casas pequeñas. Y si no todos podrán hacerlo, eso significa que es imposible obtener el valor total o la riqueza material en todas las casas. De manera que el numerito de la riqueza con el que nos obsequia la Reserva Federal es muy gracioso si se mira individualmente, pero carece de sentido si se considera la totalidad de la población. La misma dinámica se pone en marcha con los demás activos: Es necesario que haya suficientes compradores, porque de no ser así, la riqueza es tan inútil como una barca encallada en la playa.

Dije también que hay dos grandes errores en el informe de la Reserva Federal sobre la riqueza doméstica: el primero es que, por alguna razón misteriosa, la Fed no incluye los pasivos generales del gobierno cuando calcula la riqueza doméstica neta. ¿Acaso no sería sensato que en la Reserva Federal los redujese de la riqueza doméstica? Al fin y al cabo, ¿quién que no sea contribuyente en el ámbito doméstico va a terminar pagando esos pasivos? Nadie, por supuesto. Si la Reserva Federal los dedujese, el valor doméstico neto caería por debajo de cero, así que no es difícil adivinar por qué la Fed se cuida mucho de incluir esos pasivos. Pero yo soy de la opinión que un buen administrador de la política monetaria nacional debería preocuparse por presentar la situación de la manera más exacta posible, tal como es.

El segundo error es que los datos están presentados como si se aplicasen a todos los ciudadanos del país de forma equivalente. Pero no es así. Es de señalar que el 1% de los ciudadanos más acaudalados posee el 35% de TODA la riqueza doméstica y el 56% del valor de TODAS las acciones. Si no distinguen bien ese 1% de ricachones en esta imagen les pido disculpas; se trata de una delgadísima raya roja situada por encima de la porción verde de la columna. Está ahí, no se ve, pero se bifurca en dos flechas rojas. Lo extraordinario es que nuestro mercado bursátil sigue subiendo, pero por cada billón de dólares que crece, 560 millardos se van a los bolsillos de una de cada cien familias.

El 20% de los ciudadanos más acaudalados (la porción verde de la columna) posee el 85% de TODA la riqueza doméstica neta y el 80% del valor de TODAS las acciones. Eso significa que el 80% inferior de los ciudadanos de este país, representados en color amarillo, sólo posee el 15% de la riqueza total e incluso entre ellos la distribución de la riqueza se acumula en su parte superior.

Recuerden, ya lo dijo Plutarco: El desequilibrio entre ricos y pobres es el problema más antiguo y fatídico de todas las repúblicas. Lo primero que viene a la mente es que ese estado de cosas hará que nuestra crisis crediticia sea peor de lo que nos dicen. De la misma manera que a finales de los años veinte, antes del inicio de la Gran Depresión, la enorme brecha que existía entre ricos y pobres hizo que la gravedad de la crisis no dependiese de la media de la riqueza, sino de su distribución, ASÍ SUCEDERÁ AHORA. Si una amplia franja de la población carece de los medios para capear el temporal, éste será más largo y más penoso de lo que podría haber sido. ¿Qué significa que el 80% de nuestra población sólo posea un escaso 15% del total de la riqueza? Significa que los recientes esfuerzos de la Reserva Federal para poner cantidades masivas de dinero a la disposición de los bancos más ricos e importantes, a expensas de las clases más desposeídas, no solamente fueron un grave error, sino también algo cruel y fuera de lo común. Lo cual me lleva a hacer una fácil predicción: La disparidad de la riqueza en Usamérica dificultará nuestra recuperación y hará que empeore nuestra situación económica.

Sigamos. Para poder comprender por qué he estado insistiendo en esta noción de activos cuyo valor fluctúa y depende de la proporción de compradores frente a vendedores, haremos ahora una rápida incursión en el terreno de la demografía.

Recuerden que el gobierno de Usamérica no sólo ha sido incapaz de ahorrar en cualquiera de los programas de ayuda social que controla, sino que todos ellos muestran cantidades astronómicas de números rojos, del orden de decenas de billones de dólares. Esta situación ha sido posible porque tales programas de ayuda social no son cuentas de ahorro, sino que se nutren de las transferencias de riqueza que produce el trabajo y, por lo tanto, dependen de que la relación entre trabajadores activos y personas jubiladas sea positiva. Los déficit de estos programas se han visto exacerbados por una perturbadora tendencia. En 1950, había siete trabajadores activos por cada persona jubilada y el sistema estaba equilibrado. El año 2005, la relación había bajado a sólo cinco trabajadores activos por persona jubilada y el sistema ya emitía señales de peligro. Cuando llegue el año 2030 la relación habrá caído a un valor impracticable de menos de tres trabajadores activos por persona jubilada.

Esta tendencia se debe al denominado boom de la natalidad, es decir, el enorme número de personas que nacieron inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial debido a la esperanza que alimentó la llegada de la paz. Veamos ahora los datos demográficos de Usamérica. Cada barra horizontal representa a todas las personas vivas, en un momento dado, por grupos de cinco años de edad: los denominados grupos etarios. El eje vertical muestra la relación de todos los grupos etarios, desde menos de 5 años de edad hasta más de 100, y el eje horizontal expresa el número de millones de tales personas. Pues bien, en el año 2006 las personas que nacieron inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, esas que la lengua inglesa denomina baby boomers, constituían un grupo compacto de 75 millones, distribuidos en las cuatro barras rojas centrales. Observemos ahora ese “espacio vacío” de población que se encuentra cercado de verde por debajo de los baby boomers. No parece muy grande, pero constituye un peligro de graves proporciones para nuestros programas de ayuda social, pues complicará enormemente nuestros esfuerzos por resolver los niveles de deuda que acarreamos y nuestra incapacidad nacional para el ahorro.

Esta imagen muestra una distribución más “normal” de la población, tal como era en Usamérica en 1900. Los humanos habían evolucionado así durante milenios. Se trata de una pirámide. También aquí vemos la distribución por grupos etarios de cinco años de edad. Los varones están situados a la izquierda, en rojo, y las mujeres a la derecha, en amarillo. Una distribución así está perfectamente preparada para financiar programas de ayuda social como los de Usamérica, basados en transferencias directas de riqueza desde los trabajadores a las personas jubiladas.

Pero si representamos este mismo tipo de gráfico de acuerdo con los datos del año 2000, el “bulto” panzudo que se observa, debido a los baby boomers, es muy aparente. Este perfil demográfico no solamente pone en peligro los programas de ayuda social, sino que supone un reto todavía mayor a la hora de resolver nuestros problemas de deuda e incapacidad para el ahorro, e incluso para el valor de nuestros activos.

Explicaré por que: Las personas nacidas después de la Segunda Guerra Mundial, es decir, los baby boomers, son la generación más rica de la historia, poseen casi todos los activos existentes y van a necesitar enajenarlos para costear sus jubilaciones.

¿A quién creen ustedes que los baby boomers piensan vender sus activos? ¿A este muchacho? Incluso si la generación de este muchacho pudiese de alguna manera permitirse comprar esos activos, el problema es que no es lo bastante populosa como para comprarlos.

Lo repito, para poder costear sus sueños de jubilación, los baby boomers van a tener que vender sus activos. Pero ¿a quién?

Y, por último, si el endeudamiento masivo acumulado durante los últimos 23 años se debió al convencimiento de que el futuro iba a ser mucho mejor que el presente, también deberíamos preguntarnos cómo podrá ser eso posible, si los baby boomers están empezando a jubilarse y la gente que viene tras ellos es menos numerosa. ¡Carajo! Lo mejor que puede hacer la generación que ahora está entrando en el mercado es prepararse para trabajar duro, muy duro. Lo más penoso es que esos jóvenes empiezan a trabajar sobrecargados con el mayor endeudamiento personal de la historia, debido a los préstamos que tuvieron que solicitar para costear sus estudios.

Este tipo de perfil demográfico nos va a acompañar durante décadas, pues no hay manera de hacerlo desaparecer a voluntad ni mediante política alguna. Se trata de algo inherente a la vida y más nos vale reconocerlo y enfrentarnos a él, no ignorarlo.

La jubilación de los baby boomers ya ha empezado y su cadencia se irá acelerando durante los próximos 15 años, lo cual hará que los próximos VEINTE, lo repito, sean completamente distintos de los últimos veinte.

Y, ahora, ha llegado el momento ocuparnos de las burbujas artificialmente creadas en torno a los activos. Si de verdad desean saber qué es lo que nos espera en el futuro inmediato y por qué la Reserva Federal ha sucumbido al pánico, es necesario que comprendan cuáles son los mecanismos destructores de tales burbujas. Los espero en el Capítulo 15, titulado “Burbujas”.

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