El Crash Course Capítulo 13: La incapacidad nacional para el ahorro

Este gráfico muestra la tasa de ahorro personal desde el año 1959. La tasa de ahorro personal es la diferencia entre los ingresos y los gastos de todos los ciudadanos de Usamérica, expresada como porcentaje. Un 10% indica que por cada dólar que se ganó se ahorraron, es decir, no se gastaron, 10 centavos. Fíjense que la media histórica de la tasa de ahorro personal a largo plazo de la ciudadanía usamericana, entre 1959 y 1985, fue del 9,2%. A título comparativo, la ciudadanía europea ahorró el 10% y la población china un sorprendente 30% de sus ingresos.

Los ahorros son algo importante desde el punto de vista individual, ya que nos permiten salir a flote en tiempos de dificultades económicas, mientras que en el plano nacional son esenciales para la formación de un capital de inversión (es decir, propiedades, plan económico y equipamiento, todo ello fuente de futura riqueza).

Es posible que hayan leído en fechas recientes que la tasa de los ahorros personales ha descendido hasta los mínimos históricos de la Gran Depresión. De hecho, la tasa de ahorro personal ha disminuido ininterrumpidamente desde 1985 hasta la fecha, lo cual indica que los titulares que les estoy mostrando no son un problema pasajero, sino la culminación de una erosión del ahorro que se inició hace 23 años y se ha convertido en un rasgo cultural de los ciudadanos de Usamérica.

Sin embargo, no somos una nación de términos medios y este gráfico oculta de alguna manera el hecho de que los muy ricos están ahorrando increíbles cantidades de dinero, mientras que las tasas de ahorro de los muy pobres son profundamente negativas.

¿Por qué esto que acabo de decir es importante? Porque el gran filósofo griego Plutarco ya lo dijo una vez: “El desequilibrio entre ricos y pobres es el problema más antiguo y fatídico de todas las repúblicas”.

¿Qué otra cosa podemos observar en este gráfico? Para los no iniciados, la caída persistente de los ahorros nos dice que la ciudadanía tiene el convencimiento implícito de que en el futuro habrá crédito disponible, lo cual hace que hayamos sustituido la vieja mentalidad, que consistía en “ahorrar antes de gastar”, por otra que nos impulsa a “comprar ahora mismo y pagar mañana”. Como vemos en este gráfico, la tasa de ahorro empezó a declinar en torno a 1985.

Hummmm… esperen un poco… ¿Se acuerdan de que ya estudiamos este mismo período histórico en el último capítulo, cuando hablábamos de la deuda? Pues sí. Claro que lo estudiamos. A pesar de que este gráfico muestra juntas TODAS las deudas en todos los sectores y el que acabamos de ver se refiere sólo a los ahorros personales, debemos tomar nota de que nuestra tolerancia nacional con respecto a la deuda empezó a crecer en 1985, es decir, exactamente en el mismo momento en que nuestros ahorros empezaron su largo declive hasta cero.

Para creer que el futuro será mejor y más esplendoroso que el presente es preciso creer antes que vivir sin ahorrar y tener muchas deudas es el camino que conduce a la prosperidad. Como mínimo diré que yo no me lo creo, porque me parece que tiene poco sentido, ya que eso transgrede varias leyes de la naturaleza.

Otra categoría de ahorro es la de las pensiones y los fondos para la jubilación. También las autoridades estatales y municipales han dejado de ahorrar, lo cual hace que las pensiones muestren unos números rojos que ascienden a 1 billón de dólares. Esto significa que, dado que el dinero provenía de los impuestos, tanto los estados como las municipalidades escogieron gastárselo en otras cosas, en vez de invertirlo en fondos de pensiones. Supongo que la idea era gastar hoy, a la espera de que a alguien se le ocurra cómo pagarlo mañana. Bueno, para muchos estados el futuro ya no es mañana: está aquí.

Cuando afirmo que las pensiones estatales y municipales muestran números rojos por valor de 1 billón de dólares, ¿qué significa eso? ¿Cómo se calcula? Los números rojos por valor de 1 billón de dólares son lo que denominamos Valor Neto Actual o, si lo prefieren, “VNA”.

El cálculo del Valor Neto Actual consiste en sumar todas las entradas de dinero (en este hipotético ejemplo, 1000 dólares por año durante seis años) y restarles los futuros desembolsos de dinero, para así hallar el valor NETO. Dado que un dólar de hoy vale más que un dólar del futuro, los futuros desembolsos de dinero han de descontarse y contabilizarse en el PRESENTE. Hallamos el NETO de todas las entradas de dinero y de los desembolsos futuros y los descontamos en el PRESENTE para determinar si el valor es negativo o positivo. Eso es el Valor Neto Actual.

Esta es la metodología utilizada para calcular el valor de los fondos de pensiones estatales y municipales. Al crecimiento del valor de los activos de los fondos de pensión, más los ingresos futuros en concepto de impuestos, se les restan los desembolsos monetarios a los pensionistas y el valor alcanzado se retrotrae al presente. Todo indica que para que los fondos de pensión simplemente tuviesen un valor de cero sería necesario inyectarles hoy mismo 1 billón de dólares.

Los cálculos del VNA nos dejan ver bien claro que el futuro ya está calculado, de manera que no vale la pena esperar que sea diferente y mejor, porque la cosa no funciona nunca así. Si para llegar a un valor cero hemos de ingresar 1 billón de dólares en los fondos hoy mismo, pero no lo hacemos, el año próximo la cantidad a inyectar será mayor. La única manera de que fuese menor sería que hubiese menos gente cobrando sus pensiones de jubilación o bien que los activos de los fondos creciesen muy por encima de la supuesta tasa de crecimiento que hemos utilizado para calcular el VNA.

Siguiendo con esta historia, vemos ahora que las corporaciones están obteniendo los mayores niveles de beneficios desde hace décadas, pero también han optado por descuidar sus fondos de pensiones para dar preferencia a otras formas de gasto y muestran unos números rojos de 1 billón y medio de dólares en su Valor Neto Actual.

Dado que los fondos de pensiones se invierten típicamente en bonos y acciones en una proporción, grosso modo, de 60/40, cualquier recesión o caída del mercado aumentará los pasivos. En parte, estos números rojos de los fondos de pensiones se deben a las extremadamente bajas tasas de interés hoy disponibles, por cortesía de Alan Greenspan y Ben Bernanke, los dos últimos gobernadores de la Reserva Federal, y también porque el Standard & Poors 500, principal índice del mercado de valores, es prácticamente el mismo desde hace nueve años. Y eso solamente si NO ajustamos los resultados a la inflación. Si lo hiciéramos, la cosa sería más grave. Dado que la mayoría de los fondos de pensión dan por supuestos unos intereses anuales de entre el 8% y el 10%, y dado que las ganancias en el mercado de valores han sido nulas durante nueve años, los números rojos de los fondos de pensiones son comprensibles.

Pero si volvemos nuestra mirada al gobierno federal, las cifras empiezan a dar realmente miedo. David Walker, el recientemente jubilado contralor de Usamérica, quien para mí es un auténtico héroe por haber denunciado con valentía y sin descanso los imponentes números rojos del gobierno usamericano, dijo una vez refiriéndose a éste:

  1.  Su situación económica es “peor de lo que admite”.
  2.  Sigue un modelo de “negocio ruinoso”.
  3.  Le esperan “déficits presupuestarios, de la balanza de pagos, del ahorro... y de liderazgo”.

Tiene toda la razón. Aquí vemos cómo algunos datos lo confirman. Tomé esta tabla del informe anual del gobierno de Usamérica, que se encuentra en el sitio web del Departamento del Tesoro. De nuevo, veamos las cifras de VNA. La primera es un pasivo de casi 9 billones de dólares, que representa el Neto total del gobierno usamericano, pero sin incluir el pasivo de la Seguridad Social y el Medicare.

De nuevo, eso significa que, al día de hoy, TODAS las entradas del gobierno usamericano, MÁS el valor de todos sus activos, MENOS sus desembolsos implican que necesita 8,9 billones de dólares para poder equilibrar pasivos con activos.

Pero eso no es ni siquiera la quinta parte del todo. Si a esa cifra le añadimos los desembolsos futuros de la Seguridad Social y del Medicare, el pasivo asciende a más de 53 billones de dólares, según los propios cálculos del Departamento del Tesoro.

¡Híjole! ¡Un momentito! [con asombro] ¡Eso es más de cuatro veces el PIB! Lo cual significa que el gobierno americano es insolvente. Pero entonces, ¿por qué esa insolvencia no es el tema número uno de la campaña presidencial? El futuro de un país tan endeudado es tan incierto que se dirige derechito a la bancarrota.

En caso de que estén pensando que quizá el gobierno usamericano tenga dinero disponible en algún lugar, algo así como el que esconde plata debajo del colchón, vean esta fotografía, en la que George Bush posa junto a la totalidad del Fondo Fiduciario de la Seguridad Social. Eso es todo, no hay más... la totalidad del fondo fiduciario se encuentra en una carpeta de tres anillos con hojas de papel en las que se dice que el gobierno usamericano se ha gastado todo el dinero y lo ha reemplazado por bonos especiales del Tesoro.

Pero… ¿acaso los bonos del Tesoro no son una obligación del gobierno de Usamérica? ¿Cómo es posible que el gobierno se deba dinero a sí mismo? No es posible. Todas las entradas del gobierno proceden de los contribuyentes o de préstamos, de manera que cuando llegue el momento de cancelar esos bonos especiales, el dinero sólo podrá provenir de los contribuyentes o de préstamos adicionales. Si fuera posible que uno se debiese dinero a sí mismo y lo devolviese con intereses, todos seríamos inmensamente millonarios con sólo firmar cheques a nuestro propio nombre. No cabe duda de que estamos ante una noción absurda, fácilmente desmontable.

En cualquier caso, según la agencia gubernamental de la que uno obtenga las cifras, el pasivo del gobierno federal se encuentra en algún lugar entre 53 billones y 85 billones de dólares. Es una cifra tan descomunal que incluso a este monito se le han puesto los pelos de punta. Como para probar que el crecimiento es imposible con un Valor Neto Actual negativo, esta cifra ha crecido en casi 40 billones de dólares durante los últimos 10 años, ya fuese en malos tiempos o en tiempos de bonanza.

Y, por último, el ahorro está relacionado con la inversión. Según la Sociedad Usamericana de Ingenieros Civiles, también en eso andamos con números rojos. En el año 2005, esta sociedad evaluó el estado de conservación de 12 categorías de infraestructuras, entre ellas puentes, carreteras, canalizaciones de agua potable y plantas de depuración de aguas negras. La Sociedad Usamericana de Ingenieros Civiles catalogó a Usamérica con un grado “D” y calculó que harían falta 1,6 billones de dólares durante los próximos cinco años para reparar los desperfectos según los estándares mundiales. Dado que aquella evaluación se hizo en 2005 y la inflación de los productos fabricados con metal y asfalto ha crecido enormemente, habrá que redondear esa cifra a 2 billones de dólares.

Y si ponemos junto todo lo anterior, veremos que nuestra incapacidad personal para el ahorro es el reflejo de la incapacidad de estados y municipios para el ahorro; que ambas son la imagen especular de una incapacidad corporativa para el ahorro y que todas ellas quedan empequeñecidas por la gigantesca incapacidad del gobierno federal para el ahorro. Por si eso fuera poco, también sufrimos una profunda incapacidad para invertir. Todos estos déficits me hacen concluir que los próximos veinte años van a ser totalmente distintos de los últimos veinte.

Éste es nuestro legado –el mundo económico y físico que vamos a dejar a quienes nos sucederán– y la mayoría de todas esas facturas deberán pagarse durante los próximos veinte años. ¿Es eso demasiado lejano en el tiempo como para empezar a preocuparnos? De ninguna manera, si consideramos el alcance de los déficits.

¿Cómo pudimos llegar a esta situación? ¿Cómo pudo suceder? Yo, que fui consultante de algunas compañías incluidas en la lista Fortune 500, encontré una explicación para esta situación, que empieza desde la cúpula. Cuando los directivos de una de las compañías que evaluaba eran unos insensatos desde el punto de vista económico o consideraban con desprecio a sus subordinados, el mismo comportamiento se iba reflejando de forma descendente, en todas las capas de la compañía.

Nuestro gobierno ha actuado con una política insensata de acumulación de deudas mientras que, al mismo tiempo, dejaba de ahorrar y de invertir; igual hicieron los estados, las municipalidades, las corporaciones y los ciudadanos de a pie.

David Walker tenía toda la razón cuando dijo que “al gobierno de Usamérica le esperan déficits… de liderazgo”. Es la cúpula quien marca el paso. Estas cosas deberían ser el centro de nuestros debates políticos, pero no se discuten en ninguna parte. Vivimos en un profundo déficit de liderazgo.

En el próximo capítulo nos ocuparemos de los activos y veremos cómo reaccionan frente a nuestras deudas y frente a nuestra incapacidad nacional para el ahorro. Allá nos vemos.

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